Esta idea no es compartida por todo el MUS, y como prueba elocuente tenemos algunas reacciones a la “Reseña semanal” que llevaba a cargo Rodrigo Díaz.
La columna era apreciada por los lectores, pero al parecer, se le prestó particular atención a quienes se encontraban desconformes ¿Qué cosas dijo Rodrigo que levantaron polvareda?
Primero, afirmar que el camino para enfrentar a la invasión del capital financiero no debe constreñirse a la denuncia de las medidas pandémicas del pasado, sino a las medidas que el capital financiero está llevando a cabo ahora. Un movimiento político como el nuestro, debe, día a día, desnudar los objetivos del plan que se despliega ante nosotros y ofrecer alternativas. Se precisa analizar los hechos del día para desnudar el hilo que los une con otros hechos del día, con los hechos del pasado y con los hechos del futuro.
El poder siempre ha usado el recurso de criticar las acciones que el poder realizó en el pasado, y eso también sucederá, y sucede ahora mismo, con la crítica a las medidas pandémicas siempre y cuando no se señale a los verdaderos responsables, y siempre y cuando esa crítica sea una autoafirmación divisionista del tipo: “fueron todos unos giles menos nosotros, los iluminados”.
Lo que Rodrigo decía, es que los fuegos de artificio parlamentario pueden servir a la farándula política, pero las acciones que sirven para enfrentar a la invasión suelen ser humildes y pasan desapercibidas. Por lo demás ¿si no se puede cuestionar la acción de los parlamentarios, para qué tenemos parlamentarios? Parlamentario viene de “parlamento”, por lo que una función principal es generar debate público.
La segunda idea de Rodrigo que generó rispideces fue la relativa al deseo de prohibir las jineteadas por parte de grupos animalistas. Nuestra economía se basa en las actividades agropecuarias, lo que implica un manejo de la naturaleza, un manejo que implica que el hombre de campo debe dominar, en lo posible, la naturaleza, para producir riquezas para todos nosotros. Nadie ama más los animales que el hombre de campo, que debe luchar además con el ataque sistemático de todos los gobiernos y con las ideologías diseñadas para quitarle respaldo social.
En el fondo del planteo animalista se encuentra la idea de que el hombre no tiene derecho a hacer sufrir a los animales. El problema es que en la naturaleza, el pájaro se come al gusano y cuando muera, será comido por el gusano. Es ley de vida, y si tenemos todas esas razas de ganado y todas esas variedades de trigo, es porque el hombre las generó para alimentarse interviniendo en la naturaleza. Por lo demás, la idea según la cuál las plantas no sienten, es una falacia. Toda la naturaleza siente, y nosotros somos animales, no robots, y como animales, debemos alimentarnos, y tenemos que resguardar a aquellos de nosotros que producen alimentos y que se encuentran en la lucha por la tierra con el invasor disfrazado de transnacional.
El lector podrá estar de acuerdo o no con Rodrigo. Los que no, lejos de amenazar y decir cosas como “yo los apoyo, pero no me gusta que cuestionen a fulanito”, podrían sumarse al debate, después de todo, nuestras herramientas son las ideas, ya que son las ideas las que mueven al mundo, y nada mejor que el debate para clarificarlas. Las malas ideas, sometidas al fuego de la crítica, morirán, y las buenas ideas, se fortalecerán.
No deberíamos preocuparnos porque un artículo genere debate. No estamos vendiendo una mercadería, y las reglas del marketing acá nada tienen que decir. Un movimiento que quiere cambiar el mundo y la manera dominante de entender el mundo, debería preocuparse de que un artículo no genere debate. En todo caso, no se puede dejar de pensar el mundo porque algunas personas se ofendan. Un rasgo peligroso de nuestra época es una constante ofensa victimizante que pretende impedir el libre desenvolvimiento de las ideas. Por miedo de ofender a uno o al otro, al final nada se dice, nada se piensa.
Es un signo de madurez poder evaluar las ideas por su valor como ideas y dejando de lado consideraciones secundarias. Si alguien está en desacuerdo con un texto, tiene el derecho a rebatirlo, ahora, pretender que no se publique, sólo demuestra la debilidad de las propias ideas.


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