No se precisa de estadísticas para confirmarlo, ya que nuestros padres, y más aún nuestros abuelos, tenían más hijos que nosotros y nuestros hijos, dudan antes de tener hijos, o plantean primero realizarse, tener una carrera, una casa y un auto.
Las causas de este descenso abrupto de la tasa de natalidad son variadas, pero a modo de resumen, jamás el hombre se encontró más desamparado: jamás le encontró menos sentido a la vida. Los suicidios, que en Uruguay aumentan cada año, son un ejemplo elocuentes, pero este desamparo podemos verlo en el termómetro más sensible del hombre, el arte.
Si el discurso dominante afirma que el hombre es un virus sobre el planeta, un mono asesino que todo lo destroza y que terminará, si nadie le pone un freno, autoeliminándose, si la gente repite que es más noble un perro o un gato que el hombre y que debería venir un meteorito, deducimos sin riesgo que ese discurso no surge de una especie en una fase de esplendor, sino en una fase de decadencia.
Las especies regulan su natalidad. Si una manada percibe que para el territorio en que viven son demasiados, las hembras tienden a parir machos, pero si perciben que son pocos, tienen a parir hembras. Esto, por supuesto, es discutido, ya que choca con los conceptos vigentes en “la ciencia”, y sin embargo, hay un hecho irrebatible: cada vez más las madres humanas paren mellizos.
Fijate entre tus amistades a ver si no han nacido más mellizos en los últimos años. Si buscás en Google te dirá que es una tendencia global y que la tasa de nacimiento de mellizos aumentó un tercio en las últimas décadas, y también verás que la explicación de Google es una paparrucha.
¿Existe un mecanismo inconsciente de la humanidad que se rebela ante el ataque a la especie? ¿Existe un inconsciente, algo así como una inmensa masa del iceberg que se encuentra hundida ante nuestra mirada consciente? ¿Si una especie, ante el peligro, asume, de manera inconsciente, un comportamiento que la protege, de qué manera, cómo y por qué llega a cada integrante de la especie ese mandato y cómo y por qué ciertos individuos son más sensibles al llamado?
Pareciera extraño que en una página dedicada a la soberanía veamos estas preguntas, pero soberanía implica pensar por nosotros mismos, y pensar por nosotros mismos exige evaluar, cuidadosamente, el discurso antihumanista que impone el capital financiero desde todos los ámbitos que gobierna.
Por lo demás, nadie está de acuerdo con esto que vivimos, pero no se tiene fe en el cambio, la gente ha perdido la esperanza, y sin embargo ¿qué sabemos de las fuerzas de resistencia que guarda el hombre? ¿Qué sabemos, en realidad, del hombre?


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