Las autoridades son remisas a la hora de publicar la información, por lo que, obtenerla, constituye un parto y sólo tenemos datos preliminares obtenidos a través de la prensa, pero esos datos, son suficientes y confirman la tendencia histórica.
Con respecto al censo del 2011, la superficie forestada pasó del 7,6 al 8,6%, y al mismo tiempo, la superficie dedicada al ovino pasó del 5,2 al 1,6, por lo que continúa la tendencia histórica determinada por la políticas ambientalistas, ya que se hace imposible exportar lana (sufrimiento animal) y se le hace culto a la forestación (combate el calentamiento global)
La forestación casi no requiere gente en el campo (en breve no requerirá a nadie, pues un robot en Brasil planta 14000 árboles por día) y la oveja sí requiere gente en el campo, sea para alimentarla y cuidarla, sea para esquilarla. El problema es que ya no se consigue gente para la esquila, por lo que el oficio, un saber milenario, se pierde.
La cría de carne bajó un punto, y la lechería, pasó de un 5,1, al 3,4, aunque la producción lechera, aumentó. Esto significa que la tierra se ha concentrado y que tenemos menos gente en el territorio.
Disminuyó también la superficie dedicada al arroz y a los granos, por lo que, los dos únicos rubros que aumentaron son la forestación, y el rubro “otros”, que pasó de un 2 a un sorprendente 9,4%. Este rubro incluye desde las huertas, hasta las estancias turísticas, pero en la presentación, las autoridades remarcaron un “crecimiento importante de los predios destinados a fines recreativos”. Así que nuestro campo se convertirá en inmensos monocultivos de eucalipto, mientras turistas adinerados cazarán ciervos y jabalíes. En realidad, la forestación, el abandono del campo, y la caza, hacen una simbiosis.
TRES CONCLUSIONES
1- Gracias al ambientalismo, que determina el consumo y la política de los gobiernos, abandonamos el campo, lo que lleva a que perdemos el control del territorio, perdemos soberanía alimentaria (más eucaliptos, menos ganado) y perdemos al encargado de transmitir la cultura rural, cosa que no transmiten los libros, sino que se transmite, desde tiempos inmemoriales, de padre a hijo. Aumenta el número de personas que no viven en el predio en el que trabajan, confirmando la tendencia histórica de abandono del campo.
2- El anterior censo agrícola reveló que por año, 1200 familias abandonaban el campo, por lo que disminuían las pequeñas propiedades que fagocitaba el latifundio. Acá tenemos una de las grandes virtudes del liberalismo económico, que dice que la libre competencia optimiza la producción y la vida. Lo cierto es que la libre competencia hace que el pez grande se coma al pequeño, para perjuicio del País y para el beneficio de las transnacionales desde donde opera el omnipresente capital financiero.
3- Abandonado el campo, y acostumbrado el hombre a la vida de ciudad, es muy difícil volver al campo. El futuro es gente hacinada en ciudades y un campo poblado por robots y eventuales turistas munidos de un rifle (hasta que se prohíban la caza y las armas) Así que el futuro es un campo sin gente y propiedad de las transnacionales, que nos darán a comer la basura que necesiten darnos de comer. Esto será así, salvo, que dejemos de lado el opio ambientalista y protejamos al productor nacional que ha sido crucial para el destino del País.


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