Fijate cómo en esta sociedad envejecida ves un enorme porcentaje de jóvenes entre los que viven en la calle. Eso significa que no llegan a viejos, y en general, no llegan a los treinta años.
Vengo hoy a la librería y me dice Roberto, el mozo de La Tortuguita, que cuando llegó, un muchacho comía lentejas en un tupper sentado en el vano de mi puerta. Como cuchara, usaba la tapa de un helado. Cuando terminó, dejó el tupper y la cuchara ahí mismo, en la puerta, y se fue.
¿Le importa algo a ese muchacho la limpieza de la ciudad? Le importa un carajo, como nos importaría a vos y a mí cuidar de una ciudad que sólo nos ha dado patadas.
Ayer entró por la ventana de la casa de un viejo un botija con la idea de robar. El viejo, que estaba acostado, lo encaró. El botija le descargó diez hachazos. Lo agarraron, o lo agarrarán. Irá en cana. Vos y yo no arriesgaríamos la libertad, incluso esta libertad, por unos pesos, pero de lo que se trata ¡DE LO QUE SE TRATA! es de entender que esos pibes saben que ya están muertos, y cuando alguien sabe que ya está muerto, todo le importa un carajo: los tupper, las librerías, la ciudad y la vida.
Estos pibes no están en la miseria por mero azar. Un amigo que volvió de un viaje a Europa me dice que lo sorprendió la mugre y la pobreza de Montevideo. Otro amigo que vino luego de vivir veinte años en Europa me dijo que lo sorprendía cómo se había deteriorado nuestra sociedad.
Uno se acostumbra al frío, al calor, a la soledad y a la miseria, pero el que vuelve luego de años, se queda con la impresión de que por aquí pasó una guerra, y esa impresión es real, sólo que no es una guerra sino una invasión, y la ruina de nuestra tierra perdida y de nuestras industrias fundidas se manifiesta de esa manera.
Nos han invadido y nos siguen invadiendo, y dentro del plan invasor se encuentra esta cosa macabra por la cuál un botija que se sabe muerto, descarga el hacha sobre un viejo indefenso, mientras los que la ven de afuera reclaman por el rifle sanitario y por algún energúmeno que tarde o temprano llegará al poder con la promesa de acabar con estos lúmpenes y que sólo ahondará el abismo.
Si estás leyendo esto sos como yo uno que está vivo, pues la sociedad aún no nos ha condenado como a esos otros del tupper y del hacha. Estamos vivos ¿Lo merecemos? Sí, todos merecemos estar vivos, pero no habría que olvidar que nos tocó nacer en un hogar, así que ligamos, como ligó el botija que fue adoptado por mi colega.
Mi mensaje de despedida es que una sociedad está perdida cuando muchos de sus jóvenes saben que están muertos, pero no te gustará un mensaje final macabro, entonces lanzo una moneda al aire y resulta que no cae del lado de la cruz, así que mi mensaje de despedida dice que te regalaron esta vida, una vida que estará llena de fracasos, pero es una vida, y si mirás las cosas con sabiduría, agradecerías lo que se te ha dado, y si fuerzas sabio de verdad, descubrirías que todo está por nacer, que aún todo es posible.


Que gran verdad.
Lo veo en dónde me muevo, Las Piedras, me duelen los ojos, me invade un dolor mezclado con angustia. Siento que Uruguay es un país sin futuro. sin recambio generacional. Amén de todas esa problemática invadidos para atacar nuestros recursos para dejarnos inhabilitados como ciudadanos ya que el gobierno de turno no nos protege.
Rosana, aquí Marcelo. El pueblo es un gigante dormido. Sólo resta despertarlo, que en rigor significa despertarnos. Abrazo.