Resumen de la semana

Pasó una nueva semana cargada de hechos políticos, movilizaciones y reivindicaciones que marcan la agenda social actual del Uruguay de estos tiempos: Contrarios a la pandemia, mujeres y animalistas y salieron a escena.

Publicado el domingo, 16 Mar 2025

El activismo activo

8M: Hipocresía feminista

En jurídica existe lo que se llama figura de la simulación que a consiste básicamente en que las partes de un acto dicen hacer algo que no es real, con la intención de engañar o manipular. Pues bien, con la consigna “frente al Avance Fascista, lucha feminista” pasó otro 8 de marzo por Montevideo.

No es necesario aclarar que, desde hace unos años a esta parte, esta manifestación anual ha ido aumentando su agresividad en sus consignas que incluso son bastantes contradictorias dentro del mundo femenino. Con la autoridad moral que creen tener por el solo hecho de ser mujeres, lanzan ataques de aquí para allá en un menjunje de consignas que terminan excluyendo a más mujeres de las que participan de estos eventos.  

Antes de esa fecha, oí hablar a una referente feminista en un programa muy escuchado en la mañana del dial, donde se arma tertulia sobre el tema del día. En ese programa se quejaba de que a la esposa del presidente se la criticaba por su actitud en el día de la asunción, un tanto exagerada, solo porque era mujer y también tiró que a la vicepresidente electa le criticaron el vestuario y adivinen que… también por ser mujer. Ambos argumentos caen por su propio peso y como para muestra basta un botón, recordaran que cuando asumió Mujica la presidencia de la República una cuestión que “inquietaba” a todo el mundo era si el famoso Pepe seguiría vistiéndose de jeans y pulóver o si pasaría a la formalidad del traje, vestimenta que no siempre utilizó y cuando lo hizo fue porque no tenía más remedio.

Más allá de la marcha, que es siempre más de lo mismo (consignas vagas, criminalización al varón, exclusión de otras mujeres por ser de tal o cual condición – judías, de derechas -, etc.), lo interesante son las conclusiones que uno puede sacar de estas movidas y lo peligroso que están siendo ciertos discursos disfrazados de reivindicaciones.  

La discriminación de las mujeres judías fue un ejemplo medular de lo que quiero ilustrar: si lo que se busca es defender los derechos de Las Mujeres, tanto judías como palestinas, afganas, rusas, ucranianas, pakistaníes o chinas deberían poder participar tranquilamente del evento porque cumplen con el requisito fundamental para sumarse a la manifestación: ser mujeres. Dentro de esta línea se enmarca el rechazo a otras mujeres por estar en tal o cual partido político. Valeria Ripoll, candidata a vicepresidente por el Partido Nacional que estuvo en la marcha, manifestó sentirse discriminada por su elección política, y otras tantas mujeres que antaño participaban de estas movilizaciones tomaron la decisión de no participar, como la ex vicepresidente Beatriz Argimón, porque el 8M esta tan politizado que lo que menos importa es si sos mujer.

Ahora del tema del agua no se dijo ni mu, del sistema opresor de las empresas multinacionales y la banca internacional que nos tienen como país de rodillas, entregando todo lo de valor que tenemos a espaldas de la gente, afectando considerablemente nuestro diario vivir y comprometiendo por generaciones la soberanía y la sustentación de este país tanto para varones como mujeres no dicen nada. No entra en las consignas feministas, ellas no viven del agua, no toman agua, no se bañan, no cocinan, no les importa, si les importa si las mujeres que van son palestinas o judías o si son de derechas o de izquierdas, ¿saben porque no les importa? Porque el movimiento feminista del siglo XXI no está diseñado para luchar realmente por y para la mujer, para que la convivencia entre hombres y mujeres sea mejor y más igualitaria o para que se defienda el derecho de la ciudadanía y los habitantes de este país a que les brinden servicios públicos y acceso al agua de excelente calidad que tenemos. Eso no es importante, no involucra a la mujer.

Que la mujer pelee por su lugar en el mundo en igualdad de condiciones legales y sociales es algo fundamental, ahora no van a conseguir mejorar la situación para ellas con la otra mitad del mundo excluida, mientras sigan viendo al varón como un opuesto y no como complemento o se sigan autoexcluyendo, no reconociéndose como parte de un todo, ignorando todo lo demás que pasa a su alrededor y que también las afecta.

The animals first?

El miércoles el presidente Yamandú Orsi envió una nota al ministerio de Ganadería para que suspenda por un plazo de 180 días la reglamentación que a partir de febrero prohíbe las jineteadas, expedida por el Instituto Nacional de Bienestar Animal, yque llevó a la suspensión de varias celebraciones criollas en el interior del país y que genero un gran malestar en Florida.

Es una resolución totalmente acertada del presidente, que imagino que por su don de Profesor de Historia, entiende perfectamente que el ritual de las jineteadas son una parte importante como símbolo de nuestra cultura rural y que son parte de nuestra identidad nacional.

Además, vale aclarar que las jineteadas son una demostración de destreza y no un castigo para el animal, donde no se busca matar al equino o lastimarlo per se, sino domarlo, domesticarlo, como hemos hecho desde que uno y otro se encontraron perfeccionando las técnicas con el avanzar del tiempo y la tecnología. Que en el intento pueda salir perjudicado tanto el animal como su “jineteador” no es algo deseado ni buscado, todo lo contrario.

Sin embargo, desde hace unos años y dentro de un paquete de grupos “reivindicadores” que tomaron fuerza después de la segunda década del siglo XXI, grupos animalistas (muy muy minoritarios) se plantan en la puerta de la Rural del Prado cada año para reclamar por el “maltrato” animal, porque entienden que hay maltrato en la jineteada (cosa que no es del todo cierta, como lo explique antes). Es interesante apreciar que estos grupos no son tan activos o toman tanta notoriedad cuando especies enteras desaparecen por la forestación o cuando los agroquímicos afectan su ambiente(como en el caso de las abejas), o cuando mueren cientos de peces y se arruina todo un ecosistema de un río por un derrame de soda cáustica producido por un mal manejo de los residuos de una pastera multinacional.

Hay que tener presente que el lobby animalista es una parte de toda una corriente “naturalista” que incluye asociaciones y grupos diversos (veganismo, vegetarianismo, ambientalismo, etc.), que también condenan el consumo de carne bovina, entre otras cosas, por el maltrato que supone la forma de producción en masa de productos cárnicos y porque entienden que los gases emanados del animal producen un “grave” problema de contaminación ambiental, tan grande que pone en peligro la existencia de la humanidad.

Todos estos ataques en cosas tan puntuales, menores y no urgentes pero a lo que los gobiernos les dan mucha entrada, toman relevancia particular para el Uruguay porque somos un país especialmente ganadero; tanto el caballo como el buey son símbolos de identidad nacional representados incluso dentro de nuestro escudo nacional y sostén durante gran parte de nuestra historia de nuestra economía y de la vida en sociedad.

Otros temas de relevancia tienen mucha menos prensa que este tipo de reclamos, pero hay una insistencia permanente a que estos temas se toquen y creo que la insistencia viene cargada de intencionalidad (sean consientes quienes llevan a cabo estas manifestaciones o no). Se entiende que estos ataques, más allá de lo bien intencionados que puedan ser, son ataques a la cultura y tradición nacional que nos hace quienes somos: uruguayos, son parte de nuestros rituales que mantienen viva la comunidad y que en el interior del país cobran una importancia fundamental, porque representa claramente el estilo de vida de campo, muy firme al día de hoy pese a la despoblamiento constante del medio rural.

Si bien el presidente decidió la suspensión por 180 días del reglamento y no así la anulación, convocará en los próximos días a los grupos interesados con el fin de tratar el tema y avanzar en soluciones que puedan ser más razonables.  

13 de Marzo: un día que vivirá en la infamia

También el jueves, se cumplieron 5 años de la declaración de emergencia sanitaria en el Uruguay y casi en todo el mundo, días más días menos, decretada por la Organización Mundial de Salud, tras la aparición de la pandemia de la Covid-19.

Un grupo de activistas de distintos colectivos se congregó en la plaza Libertad para recordar el suceso, reclamar por justicia y exigir que este tipo de situaciones no se vuelvan a repetir.

En 2020, el recién asumido gobierno del Partido Nacional, encabezado por el presidente Luis Alberto Lacalle Pou, decidió avalar lo dispuesto por el la OMS, días después de que se conociera el primer caso de Covid en el país, y decretó la emergencia sanitaria.

En ese contexto, se decidió parar prácticamente todas las actividades (salvo aquellos que pudieran continuar con sus actividades desde sus casas), restringiendo el derecho de reunión, exigiendo tapabocas para entrar en todos los espacios cerrados y evitar todo contacto humano (los besos, los abrazos, compartir un mate eran una herejía para con las medidas propuestas que muy pocos se atrevían a trasgredir). Cumpleaños, festividades, casamientos, consultas medicas, voces disidentes, todo fue cancelado.

Medios de comunicación 24/7 promoviendo el pánico, conferencias de prensa del presidente alimentando la incertidumbre y un ministro de salud pública obsecuente fueron pan de todos los días; el periodismo crítico brilló por su ausencia.

Hubo una ola de desempleados, extensión de seguros de paro (que agigantaron la crisis del Banco de Previsión Social), se diseminaron ollas populares por todos lados sumiendo al país en la crisis y el caos.  

Culpa, angustia, ansiedad, depresión fueron moneda corriente en la población que vio enflaquecidas sus fuerzas anímicas. Conceptos como “nueva normalidad”, “pase sanitario” o “hisopado”, o dichos como “llegó para quedarse” (posterior a cualquier nueva imposición) o “no es obligatorio vacunarse pero si una obligación” o “habrá un mundo para vacunados y otro para no vacunados” entre otros, fueron perlas de un pesado collar bastante tedioso.

Al principio se pedían aplausos para el personal sanitario (actitud que se plasmó en varios países del mundo) a los que la gente adhirió y que luego, con el devenir de los acontecimientos y visto que todo era un engaño, primero se transformaron en silencio y luego en reclamos.

Por aquellos tiempos, Uruguay debía iniciar las obras programadas del Ferrocarril Central para la segunda planta de UPM (tren que por cierto le costó a los uruguayos miles de millones de dólares no solo en la vía sino también en infraestructuras necesarias principalmente para la pastera) y la construcción de la propia planta procesadora de celulosa en Paso de los Toros. Para cumplir con los plazos acordados, el inicio de las obras no podía demorarse demasiado, a pesar de la pandemia y a pesar de que, en el contrato negociado en secreto, una cláusula explicitara que ante un hecho de eventual magnitud como el de una pandemia, el contrato podía suspenderse. Sin embargo el gobierno dijo no, hay que cumplir, aunque sea a costa de la salud de los uruguayos, para hacerle la vía a los finlandeses que los mismos uruguayos van a pagar pero que no van a poder utilizar.

A mediados de abril de 2020 el gobierno levantó lo que se dio en llamar en el mundo “la cuarentena” y habilitó a que se reintegraran a sus actividades las escuelas rurales (?) y los trabajadores de la construcción. (Nunca se llegó a saber cuántos obreros se contagiaron y si alguno murió por Covid, claramente el virus en las obras no picaba). Aquí suceden dos cosas para pensar seriamente: 1) o el virus no era lo que se promocionó desde los medios de comunicación o 2) a los políticos les importó un muy poco la salud de los uruguayos.

Durante el primer año casi completo de la pandemia, la cantidad de muertos por Covid fue muy baja en relación a la población y a números que se manejaban en otras partes del mundo; comparado a los niveles anuales de mortandad en el país las cifras fueron normales e hasta menores a otros años. Incluso el propio MSP tuvo que salir a corregir el listado de fallecidos primarios ya que (médicos pillos) hacían pasar pacientes oncológicos terminales, heridos de bala o accidentados en tránsito pero con un hisopado positivo como muertos por Covid.

Luego de un año de estrés permanente, llegaron las mentadas vacunas. La solución a todos los problemas estaba lista solo que, para acceder a ellas, las personas debían firmar un papel en donde, palabras más palabras menos, el vacunado se comprometía a no dirigir sus demandas contra la empresa proveedora de la inyección en casos de “efectos no deseados” sino al Estado.

Las vacunas, lejos de ser la solución, hundieron más en la incertidumbre a la población pero llenaron los bolsillos de los proveedores: una dosis, dos dosis, tres dosis, cuatro dosis y hasta cinco dosis fueron necesarias para “mantenerse inmunizado”, prever la muerte y no contagiarte, aunque después en realidad podías contagiar y contagiarte y al final no te salvaba de nada, porque gente vacunada moría igual. Montones de gente enfermó luego de la vacunación.

Para abril de 2022 las mediadas sanitarias se levantaron y la guerra entre rusos y ucranianos comenzó un nuevo capítulo dentro de su largo historial. El 13 de Marzo de 2023, exactamente 3 años después de iniciada la pandemia, el ministro de Salud Daniel Salinas renunció a su cargo manifestando que el bichito de la política no le picó.  

El resultado final de todo el asunto fue una sociedad desgastada y quebrada emocionalmente, más irritable y fanatizada. Problemas como la salud mental y la soledad, que se agudizaron luego de la experiencia del plan pandémico perpetrado por las elites globalistas y sus centros de poder, son temas que hoy están en el centro de la agenda sanitaria en varias partes del mundo.  

 

 

 

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